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Nuestros infames y astutos enemigos han penetrado en el corazón mismo de nuestro estado, en la más sagrada de sus partes: el propio Ministerio. Han…
Nuestros infames y astutos enemigos han penetrado en el corazón mismo de nuestro estado, en la más sagrada de sus partes: el propio Ministerio. Han asestado un golpe traicionero que se cobró la vida de ocho de nuestros conciudadanos y dejó heridas a una docena más.