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Evan ya no se negaba nada. Lujos, vino, fiestas y mujeres llenaron el vacío en su corazón. Y aunque siempre se sintió de segunda categoría junto a su…
Evan ya no se negaba nada. Lujos, vino, fiestas y mujeres llenaron el vacío en su corazón. Y aunque siempre se sintió de segunda categoría junto a su jefe, ser el número dos de Dios no estaba nada mal.