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Jadeando, llevas el sofá hasta la quinta planta. Cuando llegas hasta el último recodo, sientes un agudo dolor en tu espalda. Menos mal que el vecino…
Jadeando, llevas el sofá hasta la quinta planta. Cuando llegas hasta el último recodo, sientes un agudo dolor en tu espalda. Menos mal que el vecino no es una escoria, y te da una botella de buen wiski por tu trabajo.