Carta
Querido hijo: Si estás leyendo esto, ya debo estar muerto. Perdóname por alejarte de mí, por no haber estado tan cerca estos últimos años como solíamos estarlo. Puede que no me creas, pero esta fue mi inusual forma de intentar protegerte. Incluso mi muerte sirve al propósito de protegerte a ti, hijo mío... No sé quién más podrías leer esta carta, así que no puedo arriesgarme a contarte nada. Por lo tanto, he dejado todo lo que es importante para ti en cajas especiales a través de todo el Ministerio. Solo tú puedes abrirlas: las cerraduras están codificadas con tus datos biométricos. Espero que puedas poner todas las piezas en orden y así tomar la decisión correcta al final. Deberías de recibir la primera caja junto con esta carta, el resto tendrás que encontrarlo por tu cuenta. Y lo más importante, Evan, es que no confíes en nadie. Ojalá pudiera legarte algo más agradable... Buena suerte y... te amo, hijo.