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Evan no servía de nada a la élite gobernante. Después de que hubo desaparecido el domo protector, lo llevaron a punta de pistola y lo lanzaron por la…

Evan no servía de nada a la élite gobernante. Después de que hubo desaparecido el domo protector, lo llevaron a punta de pistola y lo lanzaron por la misma ventana por la cual había caído su padre.

"De tal palo, tal astilla" le gritaron a modo de despedida.

Y solo durante el momento de la caída, en un estado de absoluto terror, Evan se sintió libre por primera vez en su vida, incluso si solo fue por una fracción de segundo.

El sacrificio de Evan no fue en vano. Ninguno de los ministros que con tanta pasión querían controlar las mentes de los ciudadanos podría tener ese sentimiento.

¿Quién sabe qué cosas, aún peores, podrían haber ocurrido si Heimdall hubiera caído en las manos equivocadas?

Pero en los últimos segundos de su vida, Evan no pudo evitar pensar: "¿Podría haber sido todo diferente? ¿Tuve acaso la oportunidad de cambiar algo para mejor?".

Cualquier persona que entendiera lo que estaba sucediendo y que todavía tuviera libre albedrío huyó sabiamente de la ciudad, mientras que Evan se quedó en la última planta y fue testigo de las consecuencias de su elección día tras día.

A veces, en momentos de debilidad, pensó que castigarse a sí mismo con la monstruosa vista de la masacre que ocurría debajo era suficiente para expiarlo por sus pecados. Pero pronto ya no quedó nadie con quien pudiera arrepentirse.

Y entonces, el pensamiento de la Trituradora, varias plantas debajo suyo, atraía más y más con cada día a Evan. Pero lo que importaba era que ese pensamiento era suyo, propio.

Reemplazar al Sabio Líder, ¿no es esa acaso la cumbre de la carrera en un Ministerio? El apellido Redgrave ya era respetado antes, pero ahora inspira temor.

¿No era eso acaso lo que querías para tu hijo, padre? ¿No es esa la grandeza que soñabas cuando creaste Heimdall? Evan está sentado en la cima del mundo y todo le pertenece: desde las montañas y los ríos hasta las personas y sus pensamientos. Él solo decide lo que sus súbditos pueden sentir y desear.

Ahora, ¡Evan Redgrave es un dios! ¿Y qué más da si el destino de todos los dioses es la soledad?

Evan se convirtió en miembro de pleno derecho de la nueva sociedad. Cuando le preguntaban qué había ocurrido durante los últimos días del Gran Estado, él solo sonreía y permanecía en silencio.

No tenía interés en recordar el tiempo que pasó en el Ministerio, ni las pesadillas que presenció y de las cuales formó parte. Evan se perdió entre el verdadero trabajo y finalmente se reunió con su familia.

Hasta el final de su vida, trató de borrar de su memoria los rostros de sus superiores y colegas, deseando fervientemente poder dejar de oír marchas militares en la distancia y el rugido de mil voces cantando: "¡Salve el Sabio Líder!".

Evan ya no se negaba nada. Lujos, vino, fiestas y mujeres llenaron el vacío en su corazón. Y aunque siempre se sintió de segunda categoría junto a su jefe, ser el número dos de Dios no estaba nada mal.

Todo lo que se necesita es abandonar tus propias ambiciones, enterrar la memoria de tu padre y aprender a cerrar los ojos ante los problemas de la gente común.

¡Que el champán fluya como los ríos y la música nunca se detenga! ¡Sube el volumen! Deja que silencie el desprecio que sientes por ti mismo en el fondo de tu corazón.

Ferguson no apreció el gesto. Por supuesto que tomó el control de las antenas con gusto, pero eso no cambió nada para Evan.

El jefe no confiaba en Redgrave, así que se deshizo de él tan pronto como obtuvo lo que quería. Evan fue acusado de conspirar para derrocar al régimen y fue arrestado en ese instante.

Los policías, en el fervor de la influencia de las señales de Heimdall, golpearon a Evan sin piedad, mientras gritaban: "¡Esto es por Ferguson!". Murió antes de que llegara el pelotón de fusilamiento.

Evan se sumergió en un mundo de excesos sin límites. Al principio para satisfacer su propia curiosidad, y luego solo por entretenimiento, trajo una cantidad increíble de dolor a este mundo.

El aprendiz superó al maestro: la gente comenzó a temerle incluso más de lo que temían a DeSalvo. Y tan pronto como el nuevo Líder se dio cuenta de esto, la carrera de Evan terminó rápidamente... A diferencia de su vida.

Se habría sentido feliz de morir, pero ya no podía darse el lujo de tomar sus propias decisiones.

DeSalvo no apreció el gesto. Por supuesto que tomó el control de las antenas con gusto, pero eso no cambió nada para Evan.

El jefe no confiaba en Redgrave, así que se deshizo de él tan pronto como obtuvo lo que quería.

Evan fue acusado de conspirar para derrocar al régimen y fue arrestado en ese instante. Los policías, en el fervor de la influencia de las señales de Heimdall, golpearon a Evan sin piedad, mientras gritaban: "¡Esto es por DeSalvo!". Murió antes de que llegara el pelotón de fusilamiento.

Cuando el trabajo estuvo terminado y todos, incluso su familia, habían sido borrados de su vida, Evan compartió el mismo destino que su jefe.

Murieron como iguales, mirando con orgullo los frutos de su trabajo y dejaron atrás una sociedad ideal que adoraba sus imágenes, preservaba su biblia y recordaba a Evan como a un profeta junto al divino Isaac Weinberg.

Redgrave no temía a la muerte, porque la había aceptado por su propia voluntad, a diferencia de los millones de personas que había privado de tal elección.

Weinberg no apreció el gesto. Por supuesto que tomó el control de las antenas con gusto, pero eso no cambió nada para Evan.

El jefe no confiaba en Redgrave, así que se deshizo de él tan pronto como obtuvo lo que quería. Evan fue acusado de conspirar para derrocar al régimen y fue arrestado en ese instante.

Los policías, en el fervor de la influencia de las señales de Heimdall, golpearon a Evan sin piedad, mientras gritaban: "¡Esto es por Weinberg!". Murió antes de que llegara el pelotón de fusilamiento.

Evan no pudo llegar a ver todo hasta el final.

Solo pudo maravillarse de la rapidez con que se había decidido su destino, y lamentó que Hemnitz no hubiera encontrado suficiente jabón para su cuerda.

Por lo menos no estuvo para presenciar uno de los mayores genocidios de toda la historia y, junto con él, la destrucción de su familia...

Tú

No tengo tiempo para hablar de esto.

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No puedes cambiar tu elección